Las penurias del arroz

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Por esta época saliendo de Espinal camino a Neiva se encuentra por la vía un hermoso tapiz verde, en las alturas ya al cerrar la tarde un cumulo de nubes grises broqueladas por un aura radiante de luz  solar, le dan un marco sin igual a extensas tierras provistas de canales con agua para regar las espigas de arroz o cualquier otro cultivo en la región.

La presencia de una combinada recogiendo la cosecha es un espectáculo imponente que concluye una intensa jornada de un poco más de tres meses, primero preparando el suelo para acomodarle un lecho adecuado a las semillas, luego escogiendo el mejor material, sembrarlo en los surcos, acompañarlo de una dosis de abono y prepararse para eliminar las malezas que corren más rápido que el cultivo y si es del caso fumigar contra las plagas que se presentan y que quieren engullir la comida antes de ponerla en la mesa, si se logra dar un manejo adecuado sobrevive la mata y madura, se pone en punto de corte para pasar la máquina, luego se empaca para llevar al molino en donde cualquiera de los dos monopolios dará buena cuenta del productor con los descuentos por humedad, grano partido, basura y otros ítem que se aprovechan para llevar el precio de compra al menor de sus límites.

Una vez se liquida el material recibido, el molino se descuenta lo que haya anticipado al agricultor y este con lo que queda regresa a su hogar a separar lo que es del banco o el prestamista y si sobra para atender las urgencias de la familia; cuando el precio es bueno y la producción aceptable, se sabe que habrá una nueva siembra, pero en los tiempos presentes esto suelo ser menos probable, este año como consecuencia del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos habrá que recibirles ciento noventa mil toneladas de arroz blanco y otras de contrabando que tiraran el precio al suelo por la sobre oferta en el mercado nacional.

Así lo que debería ser la vida para el productor puede terminar siendo su ruina, pues si la cosecha no produce plata las obligaciones se vencen y los acreedores embargan, es el viacrucis de los agricultores en Colombia, al contrario en Europa o los Estados Unidos los gobiernos les garantizan enormes subsidios que blindan su actividad, aquí los pocos recursos se refunden en la corrupción; si deseamos que la suerte de los productores tenga el brillo del firmamento, habrá que cambiar a quienes nos gobiernan.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com

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