La paz, compromiso de todos

La paz, compromiso de todos

Tiempos difíciles atraviesa nuestra patria querida, que sufre las consecuencias de una pandemia que ha dejado al descubierto la fragilidad de una economía, el egoísmo de los pocos, en quienes se concentra la riqueza de nuestro país y sin lugar a dudas, la completa incompetencia estatal para enfrentar situaciones adversas y más grave aún la falta de compromiso y sacrificio, para mejorar las condiciones de los menos favorecidos.

Inmersos en una puja por ostentar el poder, que se disfraza de lucha ideológica, los extremos han terminado polarizando el país y llevándonos a esa patria boba, donde la salida facilista de casi todos, es echarle la culpa de la situación actual a los contradictores.

Nadie asume la responsabilidad particular, de actuar de manera responsable para dar solución a esta aciaga noche que nos atormenta y solo nos limitamos a enumerar y describir los problemas que nos aquejan, pero las soluciones no son claras y los compromisos por demás escasos.

Es hora de asumir el rol que nos corresponde a cada uno y aportar esa cuota de sacrificio, para hacer de este país un lugar digno de ser heredado a nuestros hijos y que ellos a su vez asuman la responsabilidad de trabajar para que en un futuro ojalá no muy lejano, volvamos a ser esa república democrática, igualitaria, justa, con oportunidades que jamás hemos sido, pero que siempre nos prometen los diferentes actores políticos en sus discursos que hoy están al orden del día.

Desde la extrema derecha escuchamos que la culpa de nuestra problemática económica se debe a un proceso de paz mal concebido, que ha traído enormes costos a Colombia y que sacrifica la inversión social en beneficio de los otrora victimarios, siendo caldo de cultivo para  la impunidad y el surgimiento de nuevas células ilegales que muy seguramente pedirán también ser reconocidas en próximos procesos para optar por beneficios.

Desde la izquierda, la tesis es que los amantes de la guerra no les conviene la paz y que por eso la inversión en armas y equipos de combate, está por encima de cualquier programa social o de inversión que mejore las condiciones de vida de los colombianos, a esto sumado que una derecha que históricamente ha gobernado el país, es el verdadero culpable de nuestra miseria, por lo que urge un cambio o inevitablemente estaremos rumbo al agujero negro al que la oligarquía nos quiere arrojar.

Ambas tesis pueden tener la razón, pero ninguno reconoce que hay algo de verdad en lo que la contraparte expresa y mucho menos trata de remediar o enmendar sus propios errores, mientras el pueblo padece todo tipo de dificultades que hoy la acentúan las dos pandemias; el Covid-19 y la corrupción que cabalga rampante en ambos bandos.

Más allá de darle la razón a una determinada tesis, quisiera que reflexionáramos sobre lo que cada uno puede hacer por la paz en nuestro país, aclarando que debemos tener presente que la Paz debe concebirse como algo más que la ausencia de conflictos y llevarse al plano de la convivencia afable en un territorio pletórico de riquezas donde todos importamos y al unísono debemos defender y trabajar armónicamente por mantener el equilibrio y la armonía entre hombre, territorio y naturaleza.

Gran aporte haríamos a la paz si contribuyéramos con acciones simples y cotidianas que planteen un día a día agradable, respetuoso y formal entre todos los que tenemos el privilegio de habitar esta sacra nación.

¿Qué tal si quitamos las etiquetas con las que parece estamos estrictamente clasificados los colombianos y pensamos que los diferentes actores llámense excombatientes, víctimas, profesionales, fuerza pública, ciudadano, político, clérigo, empresario, etc.? Tienen el mismo valor frente a la ley de Dios y su naturaleza y así en un plano de equidad aprendemos de las experiencias y vivencias de cada uno, para estrechar lazos de amistad y construir tejido social fuerte que permita la generación de escenarios y espacios para que germinen oportunidades de progreso y consolidación de un futuro promisorio.

Cada uno practicando el autocuidado y propendiendo por el bienestar de nuestros conciudadanos a partir de un lenguaje y accionar educado, tolerante y respetuoso, podemos vislumbrar la paz como una posibilidad de vida y los conflictos como la perfecta oportunidad de desarrollar todas nuestras capacidades y virtudes de manera resiliente.

Una Colombia en paz es compromiso de todos y nace desde el corazón de cada uno de los colombianos, es imposible que podamos exigir un ambiente de paz sin antes haber sanado y curado nuestras heridas internas, parodiando a un pensador colombiano diría “nadie puede exigirle a una nación, algo que no ha sido capaz de lograr para sí mismo”.

Por: Carlos Andrés Facundo Ortega – andresfacundo@hotmail.com



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