La Luz que debemos ver

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“La luz que no puedes ver” es la nueva miniserie de Netflix. Una recomendable adaptación de uno de los libros más vendidos desde 2014 y una galardonada novela, con premio Pulitzer incluido en 2015, en reconocimiento a la labor del escritor estadounidense Anthony Doerr.

La historia narra la vida de Marie-Laure, una adolescente francesa ciega, y Werner, un soldado enemigo alemán, que se ven obligados a vivir en la turbulenta Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial.

La junta del más prestigioso premio que se puede obtener, la alabó como “una novela imaginativa e intrincada sobre los horrores de ese momento histórico, escrita en capítulos breves y elegantes que exploran la naturaleza humana y el poder contradictorio de la tecnología”.

Steven Knight, el escritor y guionista inglés, fue el genio encargado de adaptar esta historia sobre el poder de la conexión y la resiliencia humana. Es sumamente emotiva, que aparte de capturarnos, nos hace reflexionar sobre nuestra presencia en este planeta y el aporte que podemos dar con cada accionar.

“La luz que no puedes ver” muestra que es “posible perseverar en el optimismo y la bondad del espíritu humano incluso aunque el mundo a veces sea decepcionante y cruel”, remata el director Shawn Levy que además es productor, guionista de cine y televisión canadiense.

Nos enseña que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay luz y debemos buscarla. Ampliar nuestra capacidad para comprender que no todo en el mundo es tan complicado y que con esfuerzo podemos concretar lo que anhelamos si sabemos esperar y nos esforzamos por visualizarlo.

Nos recuerda también que hay muchas cosas en la vida que no podemos percibir con la mirada, pero que son igual de reales e importantes: la belleza, el amor, la esperanza y la capacidad de rehacernos.

En un mundo cada vez más materialista, es importante recordar que hay cosas que son más importantes que aquello que podemos ver a simple vista y que son esenciales para nuestra felicidad y realización. Qué bueno sería que apliquemos este concepto a nuestra vida cotidiana ¿sí?

Esta luz metafórica representa valores y cualidades positivas. La luz del alma es lo que nos permite superar los desafíos y encontrar el camino hacia la felicidad, por ejemplo. Mientras que hay una luz interior que es la que nos conecta con los demás y nos hace sentir parte de algo más grande que nosotros mismos. ¿No les ha pasado que hay algunas personas que “iluminan el ambiente”?

Estemos atentos, en este camino evolutivo, a la peligrosa e ingenua invisibilización de las cosas cotidianas que suele atacarnos sin que nos demos cuenta. Sí, una costumbre humana de dejar de valorar lo diario y siempre estar buscando sensaciones más fuertes y subestimando con el paso de los días lo que tenemos cerca y sobre valorando lo que no nos pertenece.

Marie-Laure por ejemplo, al ser ciega tiene que aprender a percibir el mundo de una manera diferente. Para ella, los objetos y las personas solo son lo que transmiten, lo que se siente de cada una de ellas, lo que se huele y expresan.

Es momento de reflexionar sobre la forma en que percibimos el mundo y evitar convertirnos en “ciegos selectivos”. A menudo, nos convertimos en caballos con anteojeras, que solo vemos lo que está directamente delante de nosotros. Y la vida exige una perspectiva mucho más amplia: contemplar. ¿qué? sí, cuando nos tomamos el tiempo para observar las cosas con atención.

Ser más conscientes de todo lo que vivimos. Propongo este ejercicio: buscá identificar las cosas que te rodean y sorprenderte de todas las que no habías valorado, visto o que ignorabas.

¿Recuerdan la frase de otro gran libro como El Principito cuando nos enseñaba que “Lo esencial es invisible a los ojos”? La vida nos ofrece siempre oportunidades no tan visibles pero que iluminan el camino hacia una existencia más significativa. Que sea una decisión vital y filosófica de cada persona que me lee, el abrir la mente y tener gratitud, transformándola en una práctica diaria: Buscá la luz que no podés percibir directamente: la amabilidad de un extraño, el apoyo de un ser querido en momentos difíciles o la superación personal frente a desafíos.

Me encantaría que intentes una desconexión para conectar. Sí, en un mundo saturado de estímulos visuales, levantá la mirada y OBSERVÁ CON MAYÚSCULAS. No demos nada por sentado, las zonas de confort generan a largo plazo una incomodidad muy insuficiente.

Tu mundo es el que vale, no te dejes intoxicar y valorá las cosas cercanas intentando siempre sumar y festejar tu luz y elegir a los que te aporten luminosidad auténtica y leal.

Por: Caly Monteverdi 
Twitter @Calytoxxx

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