La liebre y la tortuga

La liebre y la tortuga

Aunque los asiduos lectores de columnas pueden llegar a pensar que esta es una historia de siempre, voy a jugármela con esta fábula pues veo en el ambiente político un sentimiento parecido al de la liebre y una constancia parecida a la de la tortuga.

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y se burlaba de ello ante la lentitud de la tortuga. ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre: Estoy segura de poder ganarte una carrera.  ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre. Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy engreída, aceptó la apuesta. Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.

Astuta y muy confiada en sí misma, la liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.

Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!

Ese día la liebre aprendió que el exceso de confianza es un obstáculo para alcanzar los objetivos; y que nadie, absolutamente nadie, tiene algo ganado hasta que pasa la nariz en la meta.

Me parece que el cuento encaja de manera exacta en el sentimiento de algunos personajes del Centro Democrático que se han creído vencedores antes del 17 de junio y han comenzado a rechazar adhesiones de personas que han querido agruparse y acercarse a este movimiento porque distan de la ideología y propuesta de Gustavo Petro. Mientras que en la campaña de la Colombia Humana queman un volador cada vez que alguien llega y lo reciben con abrazos y ovaciones, en medio de una constancia parecida a la de la tortuga.

Hay un dicho que es muy cierto que dice que “el que mucho abarca, poco aprieta” y otro que reza que “la constancia vence lo que la dicha no alcanza”, pero además existe una reflexión que expresa que “en política cualquier cosa puede pasar” y que las elecciones se ganan es en las urnas; por ello eso de esponjarse y creerse ministros antes de posesionado el presidente es muy riesgoso, pues puede suceder que mientras la liebre descansa en fresca sabana, la tortuga en medio de su paso lento pero seguro pueda lograr asomar su feo pico antes de que la liebre pueda asomar su nariz antes que ella.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04



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