La inevitable Polarización Política

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La polarización política es necesaria para que el ciudadano tenga dos opciones de gobierno: el que siempre le ha gobernado con los errores que el que quiere gobernar le señala.

Es decir, esa polarización es importante para desnudar el país que se tiene y mirar alternativas de elección a futuro que garantice el ejercicio de un Gobierno sin los errores mayúsculos que le atañe la oposición y que percibe la sociedad.

La polarización ofrece gran información donde el ciudadano logra comprender muchos intereses que rodean a los gobiernos y sobre todo, la necesidad de un cambio. Si no hubiera polarización, no habría más que un Gobierno sin oposición, un gobierno que lo controla todo sin que nadie levante la mano. Una dictadura.

En Colombia estamos viviendo esos momentos de polarización. Años de versiones oficiales y de versiones contrarias de la oposición, que han permitido a millones de colombianos hacerse una idea de lo que tenemos de gobierno, de lo que se anhela como sociedad, del pasado, presente y futuro de la Nación.

La polarización más que necesaria, es inevitable, pues es la respuesta natural a tanto abuso en el ejercicio del poder. Las ideas contrarias a las del Gobierno han encontrado eco en mucha gente y ahora solo quieren que haya un líder ideal que las materialice y es ahí donde a veces flaquea la situación.

Porque ven en quien las encarna una amenaza, para unos real, y para otros infundada. Temen pasar de una grave situación a otra peor, y es allí donde se debe hacer un análisis juicioso del político que las promueve. Su pasado, su experiencia, sus aciertos y sus desaciertos.

En ese ejercicio apenas respetable y natural en una democracia, andan muchos ciudadanos por estos días. Examinando esos perfiles de las dos orillas. La de una derecha desgastada de tanto desprestigio, corrupción, incumplimiento, engaño y vinculación a delitos atroces. Y la de la izquierda señalada de ser respaldada por la guerrilla, el castrochavismo y un acuerdo de paz que premia al agresor y no repara a las víctimas.

Develar todos esos asuntos es lo que se debe hacer en esta polarización, descubriendo qué tan cierto es lo uno y qué tan cierto es lo otro, y por supuesto basado en criterios de la justicia ordinaria, los organismos nacionales e internacionales, la justicia especial y, sobre todo, en el sentido común de la gente que en los últimos años, llena las redes de vasta información, ideas y análisis muchas veces con gran acierto.

Lo que ha desnundado la polarización, haciendo un ejercicio de común denominador, es que sí se necesita un cambio en los modos de gobierno que tienen a Colombia hace mucho tiempo, como uno de los países más corruptos, violentos y desiguales del mundo. Ser feliz aquí es contentarse con que te robe el Estado y te robe la delincuencia y de chepa no te maten.

Gracias a esa polarización inevitable, tenemos hace algunos años, grandes discusiones públicas que aunque parezcan interminables, ofrecen esa disertación educativa que hoy se ha tomado las redes, los coffee-shop, las universidades, y todo tipo de encuentros sociales.

La copa del mal gobierno ya se rebosó y lo que entiende la gente del común es que sostener el continuismo, no es más que insistir en el suicidio colectivo del propio contribuyente, votante, ciudadano, colombiano.

Que siga esta polarización, para que se sigan desnudando nuestras realidades como país, polarización que incluso pone en entre dicho desde hace rato la veracidad de los propios medios masivos de comunicación a quienes muchos ven como abyectos al poder de turno.

Más que necesaria, es inevitable la Polarización que vivimos. Quedarse callado hace rato no es una opción y ventilar los inconformismos y la indignación ante los excesos del gobierno, ha formado una crítica social gigante que no va a parar y que seguirá creciendo como efecto apenas obvio de una sociedad que sigue buscando un cambio real.

Por: John Hammer León Cuéllar
Twitter: @JohnHammerleon 

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