Interés cuánto valés

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Hugo Fernando Cabrera OchoaSi como hijos de Dios que somos, conscientes que nuestra vida se da por voluntad divina que proviene de Él, acudimos a su amparo y protección cuando más lo necesitamos o cuando más afligidos estamos, pero casi siempre al recibir sus bendiciones nos alejamos un poco y en ocasiones hasta lo olvidamos, qué más podemos pedir a nuestros congéneres o seres de nuestra misma especie en cuanto a ser fieles a la amistad por encima de los intereses.

En cualquier día de esta semana que está por terminar, hablaba con un conocido, muy formal y respetable por cierto y me decía: «ah tiempos aquellos en los que yo gozaba de tal cual puesto de trabajo, en esa época yo contaba con innumerable cantidad de amigos, era objeto de atenciones y obsequios, halagos y reconocimientos; pero fue salir de allí y los amigos se fueron, las atenciones terminaron y los reconocimientos desaparecieron…»

Infortunadamente así es la vida y de esta manera funcionan la cosas por los intereses, que a todas estas son el alimento de muchas relaciones amistosas pegadas con babas, que a la menor sequía se enjugan y se despegan, pero así mismo prevalecen quienes verdaderamente son fieles a la amistad y son los que realmente valen la pena tener de lado de uno.

Es por eso que cuando una persona llega al poder, efímero momento de auge que dura poco, se llena de aduladores, lisonjeros, lambones de oficio, lagartos de profesión, que solamente buscan el favor a sus intereses y aspiraciones, pero cuando aquel laurel se marchita, quienes ensalzaron desaparecen y corren a buscar sombra debajo de otro arbusto y agua en otro pozo; de allí que se dé la tan sonada soledad del poder, que se presenta al abandono del mismo.

Como es prácticamente regla general esta situación, la verdad es que nadie debe asustarse ni preocuparse por ello, pero sí prepararse porque muchos son quienes nos alaban en la gloria pero muy pocos son los que nos tienden la mano en la soledad o en la derrota, para los leales a sus amigos mi respeto y para los oportunistas mis mejores deseos.

Concluyo con esta frase atribuida a Aristóteles «La amistad perfecta es la de los buenos y de aquellos que se asemejan por virtud. Ellos se desean mutuamente el bien en el mismo sentido».

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa – hfco72@gmail.com

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