Importante los mapas de riesgo

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El resurgimiento de las amenazas causadas por los diferentes fenómenos naturales y la creciente vulnerabilidad de los habitantes de áreas urbanas, deja al descubierto la necesidad urgente de avanzar en los procesos de gestión de riesgos.

El primer término que se debe aclarar, es que los fenómenos naturales de por sí no son dañinos, son inherentes a la evolución y conformación de la superficie terrestre; por ejemplo, una erupción volcánica, en el largo plazo termina siendo benéfica para la fertilidad de los suelos.

Diferentes autores expertos en el tema y el mismo BID (2015), entre otros, son enfáticos en aclarar que no existen ni los riesgos naturales, ni su consecuencia, los desastres naturales, que además de no ser naturales, no ocurren, se manifiestan, y su manifestación solo se da donde existe vulnerabilidad social que facilite su desencadenamiento; por tanto, se concluye que los riesgos de desastres son eventos socioambientales.

Para el caso colombiano, la Ley 1523 de 2012 de gestión del riesgo define en su Artículo 4, el riesgo de desastres como: daños o pérdidas potenciales que pueden presentarse debido a los eventos físicos peligrosos de origen natural, socionatural tecnológico, biosanitario o humano no intencional, en un período de tiempo específico y que son determinados por la vulnerabilidad de los elementos expuestos; por consiguiente, el riesgo de desastres se deriva de la combinación de la amenaza y la vulnerabilidad.

Y se define vulnerabilidad como: susceptibilidad o fragilidad física, económica, social, ambiental o institucional que tiene una comunidad de ser afectada o de sufrir efectos adversos en caso de que un evento físico peligroso se presente. Corresponde a la predisposición a sufrir pérdidas o daños de los seres humanos y sus medios de subsistencia, así como de sus sistemas físicos, sociales, económicos y de apoyo que pueden ser afectados por eventos físicos peligrosos.

Por tanto, cuando definimos que el riesgo ya no está en función solo de la amenaza, sino de la vulnerabilidad de la población expuesta, estamos incluyendo otro conjunto de variables de gran complejidad, como la heterogeneidad de las condiciones socioeconómicas y culturales.

Los desastres naturales representan una amenaza constante para las comunidades en todo el mundo. Terremotos, inundaciones, incendios forestales y huracanes son solo algunos ejemplos de eventos catastróficos que pueden causar pérdidas humanas y materiales significativas.

La gestión adecuada de los riesgos de desastres se ha convertido en una prioridad para los gobiernos y las organizaciones en la actualidad. En este sentido, los mapas de gestión de riesgo de desastres juegan un papel fundamental al proporcionar información crucial que permite la toma de decisiones informadas y la planificación efectiva para mitigar los impactos de los desastres.

Los mapas de gestión de riesgo de desastres permiten identificar y visualizar los riesgos y las vulnerabilidades presentes en una determinada área geográfica. Al mapear los peligros naturales, como terremotos, inundaciones o deslizamientos de tierra, y combinarlos con datos sobre infraestructuras críticas, densidad de población y características socioeconómicas, se puede obtener una imagen completa de los riesgos y las áreas más vulnerables.

Esta información es fundamental para comprender los desafíos específicos que enfrenta una comunidad y tomar medidas para reducir los riesgos.

De igual manera, proporcionan una base sólida para la planificación y la toma de decisiones informadas. Con acceso a información detallada sobre los riesgos existentes, los responsables de la toma de decisiones pueden desarrollar estrategias efectivas de prevención, preparación y respuesta ante desastres.

Estos mapas permiten identificar áreas de alto riesgo y priorizar las inversiones en medidas de mitigación y adaptación. Además, ayudan a determinar la ubicación óptima de los refugios de emergencia, rutas de evacuación y centros de atención médica, lo que optimiza la respuesta y reduce el tiempo de recuperación después de un desastre.

Otro aspecto clave de los mapas de gestión de riesgo de desastres es su capacidad para comunicar información compleja de manera clara y comprensible para el público en general. Al presentar los datos de manera visual y accesible, los mapas ayudan a aumentar la concientización sobre los riesgos y fomentan la participación activa de la comunidad en la preparación y la respuesta ante desastres.

Esto puede incluir la divulgación de información sobre los procedimientos de evacuación, los refugios de emergencia y las medidas de autoprotección que los individuos y las familias deben tomar. La concientización pública es fundamental para garantizar una respuesta coordinada y efectiva ante desastres.

Los mapas de gestión de riesgo de desastres también promueven la coordinación y la colaboración entre los diversos actores involucrados en la gestión de desastres. Al compartir información geoespacial detallada, se establece una base común para la toma de decisiones y la acción conjunta.

Los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, las agencias de ayuda humanitaria y otros actores relevantes pueden utilizar estos mapas como herramientas para coordinar sus esfuerzos, evitar la duplicación de actividades y maximizar el impacto de las intervenciones.

Es importante mencionar, que los mapas de gestión de riesgo de desastres son esenciales para la evaluación continua de riesgos y la planificación a largo plazo. A medida que las condiciones ambientales cambian y evolucionan, es necesario actualizar y ajustar constantemente los mapas para reflejar la realidad actual.

Esto permite una planificación adaptativa y una respuesta oportuna ante nuevos riesgos emergentes. Además, los mapas también facilitan la evaluación de los impactos de los desastres pasados y la identificación de áreas que requieren medidas de reconstrucción y recuperación a largo plazo.

La incorporación del riesgo en la planificación territorial, ante la inminencia y constante peligro, a raíz del incremento del potencial de los fenómenos naturales, debido al cambio climático que estamos atravesando, se ha vuelto una obligación desde las diferentes legislaciones y reglamentaciones, tanto a escala macro, para definir criterios de planes regionales, como a escala micro, para concretar los planes de ordenamiento municipal y para definir los respectivos planes parciales.

Uno de los avances que se ha logrado en el caso concreto colombiano en legislación, en cuanto a la organización del uso del suelo, aunque falte un mayor compromiso institucional para concretarse en el territorio, es la incorporación del componente de gestión del riesgo en los POT y en los planes de desarrollo, que son el instrumento bajo el cual el municipio materializa las acciones planteadas por el POT.

Se pretende pasar de una visión reactiva frente al riesgo de desastres, a un concepto prospectivo, que busca invertir menos recursos en respuesta al desastre a través de una mejor preparación, buscando que los asentamientos y proyectos institucionales se construyan cada vez con mejores condiciones, que sean menos vulnerables y expuestos frente a las amenazas de origen natural.

Pero más allá de la normatividad existente, con sus precisiones conceptuales expresadas en la legislación colombiana (que son fundamentales), debe estar el compromiso tanto de las comunidades dispuestas a su aceptación, como del Estado y sus instituciones prestas con recursos humanos, técnicos y financieros para su implementación y control.

La valoración del riesgo está en función del nivel de aceptación del riesgo que la población esté dispuesta a asumir, por lo cual será indispensable fomentar la concertación mediante la participación de los pobladores y sus organizaciones en todo el proceso, desde su diagnóstico, formulación e implementación.

Para fortalecer la gestión pública en materia del riesgo de desastres debemos avanzar en mejorar el conocimiento del riesgo; por tanto, es muy grande la tarea que desde la academia y demás instituciones científicas se debe asumir, para aportar en la revisión estructural de las deficiencias en las capacidades para la evaluación del riesgo de desastres, en aras de dar una respuesta efectiva a la demanda de conocimiento para los planes de ordenamiento territorial y los planes de desarrollo municipales. Sin duda, elaborar unos acertados mapas de riesgo puede ser un buen comienzo.

Tanto los mapas de amenaza como los de riesgo deben convertirse en un insumo didáctico en las distintas campañas de cultura ciudadana, como en programas educativos en todos sus niveles, que permitan avanzar en la concepción del carácter colectivo del riesgo y la consolidación de una cultura del riesgo construida socialmente.

Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo

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