Historias del quirófano

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En agosto de 2016 llegué a Milán para iniciar mis estudios en cirugía de cabeza y cuello, en el Instituto Europeo de Oncología, uno de los 10 centros oncológicos más importantes del mundo.

Tuve la oportunidad de acceder a una beca de estudio otorgada por la Fundación Umberto Veronessi, fundador del instituto y padre de la cirugía conservadora para el cáncer de seno, contando con la valiosa y gran ayuda de uno de mis profesores y mentores que también había estudiado allí, el doctor Justo Germán Olaya.

Al inicio fue complejo, el ambiente laboral y de estudio era exigente, las personas eran amables, pero yo no dominaba completamente el idioma, lo cual para la comunicación es fundamental. Además, ya no era el cirujano que podía operar de todo, los primeros meses fui un ayudante quirúrgico mientras aprendía y ganaba la confianza de los profesores y cirujanos del departamento. Fui recibido por el jefe del servicio, un cirujano veterano, gran profesor, quien fue muy amable.

Durante los primeros meses mis actividades consistían en la revisión de los pacientes en la hospitalización, asistir a la consulta ambulatoria, asistir como ayudante a las cirugías y realizar curaciones específicas a determinados pacientes, que eran responsabilidad de nosotros como fellows, que en ese momento éramos dos, mi compañero era un cirujano de la República Checa, y yo que era el único latino del servicio y el primero en llegar allí.

El aprendizaje fue valioso, no solamente a nivel académico sino cultural y un gran aprendizaje de vida.

En noviembre del año 2006 llegó para cirugía programada Ezio, un paciente de 75 años con un tumor del seno maxilar izquierdo. Estos son tumores malignos que afectan el maxilar superior, habitualmente son de origen escamocelular y están asociados al cigarrillo.

Se practicó una cirugía que consistió en retirar todo el maxilar izquierdo en conjunto con el paladar de ese lado sin reconstrucción inmediata, por lo que quedó una deformidad. Además, se debían realizar curaciones diarias para evitar la infección y permitir un proceso de cicatrización.

Así fue como empecé a hacer la curación desde el segundo día postoperatorio, Ezio supo que mi acento era diferente y, obvio, mi aspecto no era muy italiano, así que cuando llegamos a la sala de curación, la cual era una sala pequeña de color blanca con una camilla y los implementos necesarios para las curaciones.

La próxima semana les contaré el resto de la crónica…

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar – adonistupac@gmail.com
Twitter: @saludempatica

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