Fundamentos de la estupidez

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La Real Academia de la lengua española define la estupidez como: “Torpeza notable en comprender las cosas”. Otros autores la interpretan como la:

“Incapacidad para pensar y tomar decisiones por cuenta propia”.

Es tal su incidencia en la vida de los pueblos que Ilustres pensadores y científicos, también han expresado comentarios sobre el tema. Uno de ellos que la vivió en carne propia en la Alemania nazi fue Einstein, quien dijo: “dos cosas son infinitas, la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”; para no dejar duda de la magnitud de esta cuando se trata de nuestra especie.

Al estúpido le falta capacidad, el ignorante carece de información, es una diferencia que marca los límites entre el imbécil y el inculto.  Así se puede ser analfabeto, pero no estúpido y, al contrario, un cretino muy ilustrado.

Regularmente son circunstancias externas las que conducen a una persona a la estúpides, no sería grave si no causa daño a otra persona o un grupo, pero lo paradójico es que termina por hacerlo sin obtener ningún provecho para sí mismo, al contrario, logra un perjuicio propio.

El estúpido por supuesto no sabe que lo es y el que lo distingue no sabe cuándo y en donde será víctima de sus actuaciones porque normalmente no lo considera peligroso.

Ahora bien, la estupidez puede terminar siendo un fenómeno colectivo, no meramente individual.

Aun recordamos la expresión: “es que ahora si se puede viajar por las carreteras”, en boca de personas muy humildes que ni un chavo disponían para tomar un bus urbano. Declaración que inauguró un periodo violento, de ruptura de la institucionalidad y de aplicación de políticas que resquebrajaron aún más la alicaída economía nacional, como los TLC. Todavía hay quienes sueñan con regresar a ese nefasto pasado.

Lo de hoy se le parece, las mismas políticas en lo económico dictadas por los mismos de siempre, la amenaza del quiebre institucional, pero con un preocupante regreso a la coerción y el control territorial de grupos al margen de la ley.

La corrupción y la incapacidad que no cambian, se atribuyen a los que dejaron de gobernar, como si los nombramientos y los contratos de hoy dependieran de ellos. Tal vez haya algo de verdad, porque con esos el petrismo decidió hacerse al poder. No pudieron dejar al margen a los Barrera, Benedetti, Aguilar y un largo etc.

Las bodegas pretenden ocultar el desastre con noticias marginales sobre una escuelita o unos paneles solares o el tren de un día y la nota en redes “difúndalo porque los grandes medios no lo van a hacer”. Pañitos que no cubren las grandes cicatrices de una sociedad empobrecida, que no logra desbrozar el progreso, desarrollar la industria o fortalecer el agro.

El diletante de ahora apela a la moda del cambio climático para prometer un paraíso imposible con las ejecutorias de su caudillaje, el anterior lo hizo sobre la seguridad que anhelaba la sociedad destruyendo la vida de miles de inocentes.

Requerimos de un proyecto verdaderamente colectivo, que nos encamine al crecimiento como nación, que agrupe a la mayoría y no las camarillas que se atornillan alrededor de los iluminados para satisfacer sus apetitos personales.

Hay que abandonar la estupidez y acoger un criterio propio.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com
X: @libardogomezs

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