Esperanza de paz para el 2023

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La lucha por alcanzar la paz en nuestro país, desde mediados del siglo XX, ha sido un propósito nacional, pero también ha sido una apuesta en la que algunos jugadores han tratado de entorpecer los resultados haciendo trampa.

Luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán aquel 9 de abril de 1948, nuestro país ha estado bañado por sangre y prácticamente a partir de esa época se comenzó a cimentar en nuestra patria una cultura que apologizaba a la violencia, una mentalidad que a pesar del dolor y estupor que ha causado, aún está arraigada en la conciencia de muchos colombianos.

El surgimiento del narcotráfico a la par del nacimiento de los grupos insurgentes agudizó el panorama y se intensificó aún más cuando el Congreso y gobiernos de turno se dejaron permear por parte de estas fuerzas oscuras, que sumadas a los intereses mezquinos de grupos políticos de diferentes regiones del país, permitieron que los actores violentos se robustecieran, agudizándose la situación década tras década.

Mientras tanto los colombianos nos fuimos acostumbrando a las bombas, las tomas guerrilleras, los falsos positivos, los asesinatos selectivos de líderes sociales, el secuestro, la extorsión, el sicariato, los planes pistola y otros tantos problemas graves que empeoraban el horizonte; esto como parte de la adaptación a esa cultura violenta.

Casi medio siglo de barbarie permitió que el 8 de marzo de 1990 el grupo guerrillero M-19 se desmovilizara convirtiéndose en movimiento político, conocido como Alianza Democrática M-19; así mismo, un año más tarde, en 1991 se firmó el acuerdo de paz con el Ejército Popular de Liberación EPL, surgiendo el movimiento Esperanza, Paz y Libertad.

No obstante este gesto de paz, las FARC y el ELN, continuaron operando en todo el territorio nacional, en una guerra sin cuartel, enfrentando al estado, con un balance de muertos que en una nación acostumbrada a la paz generaría terror, sin embargo, nuevamente, luego de las buenas pero torpes intenciones del gobierno de Andrés Pastrana Arango, la tenacidad del mandato de Álvaro Uribe Vélez y el buen manejo de la administración de Juan Manuel Santos Calderón, se logró la firma del tratado de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia, convirtiéndose en partido político.

Mientras tanto, por otro lado fueron naciendo las famosas BACRIM, los GAO y los GAOR, que al final son grupos delincuenciales, armados, peligrosos y bien organizados, que manejan el narcotráfico en todo el suelo patrio, los cuales siguen causando caos, tristeza y dolor en diferentes departamentos.

Hoy se está buscando una salida negociada, no solamente con el Ejército de Liberación Nacional, sino también con estas organizaciones delictivas, para llegar a una paz estable, sostenible, que permita el verdadero avance de nuestro país, colmándolo de oportunidades y permitiendo ganarle el partido a la pobreza, a la desigualdad, al abandono, al hambre y a la marginalidad.

Tratemos de reflexionar y generar un movimiento contracultural que enfrente esos arraigos de violencia, y forjemos unos nuevos espacios de paz, convivencia, progreso y desarrollo.

¡VAMOS QUE VAMOS!

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com

Twitter: @Hufercao04

 

 

 

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