Escuchar sin voz: Crónicas prestadas II

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Queridos lectores, esta semana continuamos con  la segunda parte de la crónica “escuchar sin voz”.

Realizar una reconstrucción de la tráquea era imposible y en mitad de la cirugía tuve que salir del quirófano para hablar con su hija y contarle la situación, debía extraerle también la laringe y dejarla sin voz, necesitaba explicarle a ella y tener su autorización.

Tenía un sentimiento grande de desconsuelo y tristeza, tomar esa decisión fue difícil y pasé un largo tiempo intentando hacer algo diferente, mas por terquedad y obstinación.

Hablé con ella, le expliqué el momento crítico que teníamos en el quirófano y que la única salida era retirarle también la laringe; se puso pálida y lentamente sus ojos se llenaron de lágrimas que fueron lavando sus mejillas

– ¿Como voy a tomar esa decisión?, ¿que le voy a decir a mi mamá?

Lloraba y no lograba articular palabras, a mí me inundaba la tristeza también pero debía tomar una decisión en conjunto y poder ofrecer lo mejor para Ana.

Después de más de 20 minutos de hablar con ella, desahogarnos y tomar la decisión, ingresé nuevamente al quirófano; tuve que dejar el desconsuelo en la puerta porque aún faltaba mucho por hacer.

Terminamos el procedimiento sin complicaciones y Ana fue llevada a recuperación con una cánula en su traqueostoma y una sonda por la nariz para poder alimentarla por varios días.

Tres horas después hablé con ella y le expliqué lo que había sucedido y las razones por las que tuve que hacerlo. Era de esperarse que su respuesta fue con llanto y tristeza.

Los primeros días fueron complejos, ella no aceptaba esa amputación, quedar sin su voz, esa voz que es un signo de identidad, como las huellas digitales, su herramienta para comunicarse y poder trabajar, le conté nuevamente de las posibilidades de rehabilitación pero era muy escéptica.

Después de nueve días salió de la hospitalización, con el estado de ánimo cambiante; me mantuve en contacto con ella y su hija, le escribía y mandaba notas de voz por WhatsApp.

Inició terapia psicológica y pudo retornar a su trabajo como abogada defensora de derechos humanos donde le permitían comunicarse a través de una aplicación del celular que se llama “Háblame”, que pone en voz los mensajes de texto que se escriben.

Dos meses después se decidió por usar una laringe electrónica que le permitió poder trabajar mejor y ser totalmente independiente.

Las contradicciones de la vida; una abogada mujer sin voz defendiendo a aquellos que a pesar de tener voz casi siempre no son escuchados.

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar – adonistupac@gmail.com
Twitter: @saludempatica

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