Entre huecolandia y atracolandia

TSM Noticias
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Anoche salí como a las 9:00 pm de una reunión en la universidad en la que oriento algunas cátedras y decidí caminar hasta mi residencia, la cual dista unas cuantas cuadras de la institución educativa en la que estaba.

Pensé en caminar porque la noche estaba fresca y corría por la calle una brisa supremamente agradable; así que tomé camino a través de estrechos andenes interrumpidos por rejas que se salen atrevidamente de la línea de construcción permitida, y árboles desordenadamente sembrados en medio de los senderos que en teoría son construidos para el paso de los peatones, en conclusión, decidí mejor bajarme a la vía para poder desplazarme.

Habría caminado tal vez una cuadra y media, cuando de pronto sentí un chirrido producido por una fuerte frenada de un motociclista y allí vi a un joven universitario que se lamentaba en el suelo, luego de haberse caído aparatosamente por culpa de un tremendo hueco en plena vía pública, de inmediato fui a auxiliarlo y como el golpe había sido simplemente por el tremendo cráter, no hubo con quién discutir acerca de quién era el culpable, o quién debía pagar por los daños, entonces el muchacho me dio las gracias por la colaboración y con un espejo roto, raspaduras en un lado de su medio de transporte; manos, rodillas y codos lastimados, se alejó despacio rumbo a su casa.

Luego de la partida del estudiante accidentado, caí en cuenta de la hora, de la soledad de la calle y del peligro que se vive hoy en día en todos los sectores de nuestra ciudad y sentí algo de temor, de tal suerte que apresuré el paso con un poco de arrepentimiento por haber decidido irme a pie hasta mi vivienda y por el riesgo innecesario que estaba corriendo en ese momento.

Los únicos vehículos que pasaban eran motocicletas a alta velocidad, algunas en solitario y otras en grupo, con nula circulación de uniformados de la policía; seguramente si hubiera visto algunos patrulleros a esa hora por la calle, me habría sentido un poco más seguro, pero de aquello nada.

Tras el incidente del joven, que en ese momento pensé, podría haber sido un hijo mío, y la desconfianza que me invadió en el recorrido de esas últimas cuadras, reflexioné acerca del menoscabo de nuestra ciudad, de las vías infestadas de huecos y calles atestadas de hampones al acecho para atracar a quienes puedan.

No sé si en la alcaldía se estén adelantando estudios sociológicos o antropológicos, para entender el nivel de descomposición social y humano de esta localidad, y con base en esta información puedan diseñar y aplicar estrategias de seguridad efectivas, al mismo tiempo en que atienden a esta población que seguramente es vulnerable y que se forma en los cinturones de miseria del municipio, eso no lo sé. Lo que sí se, es que la seguridad de Neiva cada día se complica más, y vamos de tumbo en tumbo, y de accidentes a atracos permanentes.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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