El tal paro, sí existe

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Miguel Rodriguez HortuaEl acumulado de muchas décadas de abandono estatal al campo colombiano, por parte de los diferentes gobiernos de turno, reventó al sector agropecuario.

Basta con echarle una mirada a los tres últimos mandatos presidenciales, empezando por el gobierno Conservador de Andrés Pastrana, los ocho años de Uribe y los seis años de Santos, para entender que a estos personajes les ha importado un bledo el sector rural.

Sin querer decir que quienes los antecedieron lo hicieron mejor, pues no hay razones para creer que sean mejores que los últimos, porque proceden de la misma ralea tradicional, que ha llevado al país por el despeñadero del atraso y la descomposición social.

El frente nacional que no fue otra cosa que una manguala bipartidista, o mejor dicho un monstruo siamés con dos cabezas y un solo estómago, que durante sus dieciséis años de existencia se dedicó a robar y a crear monopolios, en las diferentes áreas de la economía nacional, a través de las federaciones, que sistemáticamente se fueron adueñando de los sectores productivos, como el del sector ganadero, el del café, el del transporte masivo, el comercio, las importaciones de medicamentos, los agro insumos y agroquímicos, que sumado al abandono de la red terciaria y las insipientes políticas estatales para la tecnificación del sector agrícola y pecuario, condujeron a la quiebra del sector rural.

Es evidente que hay una clase dirigente tradicional insensible, que solo le interesa el voto del campesino; que una vez elegidos administran y legislan en contra del interés nacional, pero en especial en contra del sector rural. El campesino cuando saca sus productos a las ciudades, con los primeros que tiene que competir es con los importados en el marco de los tratados de libre comercio (TLC), más los que entran de contrabando al país, provenientes de países vecinos, producidos a bajos costos.

Al paro agrario se ha sumado el sector transporte que tiene que sortear diariamente el acoso del propio estado, que asfixia al gremio con múltiples impuestos, más peajes, básculas y piratería terrestre y que tiene que pagar el combustible más caro del continente suramericano.

No entiendo como nuestro presidente le apuesta con tanto entusiasmo al tema de la paz, pero su gobierno no se mueve en lo más mínimo, hacia cambios sustanciales en el modelo político y económico, que garanticen una paz duradera y sostenible.

Por: Miguel Rodríguez Hortúa – miguel.rh12@hotmail.com

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