El retorno de la ética

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La situación de Colombia no aguanta más, pareciera que la corrupción y las prácticas antiéticas de nuestros líderes no tienen techo, en Colombia la cultura mafiosa a la que se refería Germán Castro Caicedo, esta intrincada hasta los tuétanos, para algunos ya no hay esperanza, la violencia se ha apropiado de nuestra forma de resolver los conflictos, la trampa, el torcido, la mentira, la perfidia, son validados como formas comunes de interrelacionarnos, y de conquistar los cargos públicos o de lograr el ascenso social, mientras más mentiroso mejor, mientras más prontuarios y relaciones oscura se tenga “ese es el candidato”, que robará pero hará, así ello implique que venga a vender hasta los parques públicos, a endeudar a la ciudad y a dejar que todo pase.

Así nos tire al borde del abismo, de esta forma, nos convertimos en una sociedad inviable que se da el lujo de matar a sus más destacados líderes y que desangran la inmensidad de nuestros recursos, que aunque parecen ilimitados, terminan siendo despilfarrados sin más, por los padres de la patria, cínicos e hipócritas, pero lo que resulta más doloroso es que los directamente afectados se hagan matar por ellos, no hay situación más desconcertante que los pobres, humillados, robados en su cara, sigan defendiendo a sus propios subyugadores.

Es muy común escuchar que es necesario invertir en educación, sin embargo, esto no es tan cierto, países desarrollados invierten mucho menos en educación, y sin embargo, su sistema social basado en principios, valores, en una ética ciudadana hacen que estos recursos realmente se vean reflejados en la formación de mejores ciudadanos, en Colombia el problema no es de plata, sino de pésimos administradores que se gradúan de hampones y construyen una empresa electoral que los sostienen y que les da para reírse de la justicia y los órganos de control, porque igual, son del mismo combo, ponen al ratón a cuidar el queso, congresistas que eligen procurador, magistrados, defensor del pueblo, fiscal, entre otros organismos de control que se mofan de su poder y en la cara roban y roban sin que nada pase.

La situación es tan crítica que no les vale la protesta social, el rechazo, y la presión permanentes de las propias redes sociales, en la calles, o en sus vecindades, se creen de mejor familia y no hacen nada distinto que aprovechar el cuarto de hora, igual con un 98% de probabilidades que no le pase nada, pues la justicia no llega, el incentivo está a la mesa para que ellos sigan reclutando líderes y formando movimientos para capturar el poder y hacer del Estado un instrumento para sus fines politiqueros.

Ya es hora que paremos este motor y lo reiniciemos para hacer de nuestros propósitos y metas, acciones con arreglo a fines, que la búsqueda de la felicidad este ligada como dijo Aristóteles “a hacer el bien” o como plantearía Adela Cortina una ética de hecho y no de palabra, uno de los grandes pensadores de este país Antanas Mockus Sávicas, nos enseñó que la mejor herramienta para transformar la sociedad es el arte, la pedagogía y la cultura, que de la mano del diálogo intensificado nos puede llevar a realizar ese cambio de mentalidad, de pensamiento y sobre todo de acción, debemos reinventarnos, tal como lo dice la frese de cliché de la pandemia, hay que promover una reflexión interna y externa sobre las buenas maneras del ejercicio de lo público, de la forma en como se llega al poder, del respeto por el otro, como ser maravilloso y creación divina tal como bien lo describe Giovanni Picodela Mirandola en la oración por la dignidad del hombre, respetar y ser respetado, hacer todo lo posible por que el otro, sea feliz, tal como lo señala Aristóteles “Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda  acción y libre elección parecen tender a algún bien; por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”.

Debemos pensar en el bien que le hace al país el reconocer la crisis, pero no quedarnos en ella e iniciar con nuestras propias acciones la revolución de las pequeñas cosas, cambiando en nuestro ser interior, en nuestra familia, en nuestra casa, en nuestra comunidad, barrio, comuna, municipio, departamento y país.

Soy un optimista empedernido, amo a Colombia, a mi ciudad adoptiva Neiva, al talento de nuestros jóvenes, al tesón de nuestros campesinos, a la verraquera de nuestras mujeres que instrumentalizadas por la guerra han dado ejemplo de dignidad y se niegan a ocultar la verdad y subyugarse a los violentos, adoro a mis maestros que en plena pandemia llevaron el aula a su casa y que con sus propios recursos solventaron la forma de poder llegar a sus hijos adoptivos, me inspiran nuestros empresarios que la lucha cada día para genera progreso, empleo y productividad para nuestro territorio.

En Colombia pululan los buenos ejemplos, hay que poner de moda los verdaderos héroes, los que consiguen su ascenso social gracias a su esfuerzo, a su tesonería, a tu trabajo abnegado, es hora del retorno a la ética y a la estética, a un país del tamaño de nuestros sueños en donde la educación sea de la cuna hasta la tumba, tal como lo diría nuestro premio nobel de literatura Gabriel García Márquez.

Por: Alfredo Vargas Ortíz – alfredo.vargas@usco.edu.co
Twitter: @Alfredovargaso

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