El caso del Chapecoense

Estamos divididos, los ánimos se exacerban como producto de los odios consolidados por las injusticias generadas por el conflicto armado interno y sobre todo por aquella característica del colombiano promedio que con un corazón tan grande que no le cabe en el pecho, puede mostrar sentimientos de afecto y de odio extremo, muchos de ellos sin el más mínimo fundamento. No es gratuito que en el nombre del pueblo, algunos se hayan atribuido el papel de mesías y de manera irresponsable incendian los ánimos para que los hijos del pueblo se maten, y si nacen se vuelvan a matar de generación en generación, tal como lo describe dramáticamente Gabriel García Márquez en 100 años de soledad.

El futbol ha mostrado de que somos capaces, cuando la selección Colombia juega, el país simplemente se paraliza, guerrilleros, narcotraficantes, delincuentes comunes, políticos y politiqueros y las personas de bien en general se une es una sola causa, con cuerpo y alma, para hacerle fuerza a los equipo de muchachos que dejan en la cancha el sudor y generan la alegría o las lágrimas de todos los hinchas en el partido dependiendo los resultados. Si son favorables, llenos de alegría y con el alcohol como responsable salen a matarse en sus motos, vehículos o a pie en las reuniones sociales y aquí vuelven a jugar las emociones y el descontrol.

Con la tragedia del Chapecoense y el fútbol como cómplice, los colombianos nuevamente demostramos de que somos capaces de producir un sentimiento colectivizado de solidaridad frente a las más de 70 familias afectadas y con el Club deportivo, es una muestra de como no puede generalizarse sobre la violencia, somos en definitiva emociones, no es gratuito que nos califiquen como los más felices en distintas encuestas, somos sentimientos, de allí que mas que recibir una educación racionalista que orienta la acción por razones, en Colombia requerimos un sistema educativo que nos enseñe a manejar las emociones, debemos tener laboratorios sociales en donde por vía de la educación se corrija a tiempo a nuestros niños, niñas, adolescentes y a adultos, para no actuar por vía de las emociones de manera irresponsable, si se controlan las emociones podremos evitar accidentes de tránsito, embarazos prematuros, la obesidad, el alcoholismo e incluso la pobreza misma, pues gran parte de las decisiones en materia financiera son producto de la economía de las emociones, tal como lo plantea Johnmarshall Reeve, reconocido por su trabajo en Psicología Emocional.

El caso del Chapecoense, es una muestra clara de que es posible dejar a un lado el odio y pasar la página, que nos debemos reconciliar y animarnos a construir un país diferente, que no insista en acudir a la violencia para resolver los conflictos y ante todo que emocionado salgan a abrazar al otro y mirarlo a la cara sin acudir al discurso generalizado de la animadversión, para abrirnos a ser un país en donde florezcan los sueños de todos.

Por: Alfredo Vargas Ortíz – alfredo.vargas@alcaldianeiva.gov.co
Twitter: @Alfredovargaso – Secretario de Educación

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