El 2020 debe ser el año del medio ambiente

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El 2019 fue sin duda alguna uno de los años más calientes de los últimos siglos. Así lo confirmaron recientemente varios medios de comunicación que divulgaron información de diversas organizaciones y agencias internacionales que estudian este calentamiento Global que estamos viviendo hace una década.

Los casos más evidentes y alarmantes fueron los veranos intensos que ocasionaron los incendios forestales en la Amazonia brasilera en agosto y en los bosques de Australia en diciembre del año pasado.

El mundo se conmocionó tanto que hasta artistas de la farándula mundial desfilaron sus millonarios aportes para estas causas ambientales.

Ya muchos hablan de que hace rato pasamos el punto de no retorno porque como humanos no corregimos el modelo de desarrollo que nos está llevando a aportarle más calor a esta olla pitadora en que hemos convertido nuestra casa común, nuestra madre tierra.

Es decir, los veranos serán peores en los años venideros. Al calentamiento global, que según los negacionistas del cambio climático, es un aumento natural de la temperatura de la tierra, el hombre le pisa el acelerador con su modelo de Desarrollo energético lo que nos hace hablar no sólo de Calentamiento Global sino de Recalentamiento Global.

Este año las causas ambientales deben ponerse de moda mucho más de lo que vemos a nuestro alrededor. Bien por todos esos actores gubernamentales y de la sociedad civil que promueven una conciencia global mundial. Pero no es suficiente y frente al daño que causamos a diario, aún son acciones que no generan ese impacto deseado en favor de nuestro medio ambiente.

Este 2020 debe ser llamado el año verde. No nos queda de otra. Las señales que nos revelan lo mal que estamos tratando los factores protectores y generadores de vida, son más que suficientes en todo el mundo.

La sociedad sigue sin hacer cambios estructurales serios. Aplicamos paliativos que se convierten en flor de un día. Son muy pocos los países que por ejemplo, ya están cambiando sus modos de transporte y movilidad evitando el uso de vehículos a gasolina por bicicletas o carros eléctricos.

O el uso de bolsas plásticas por bolsas ecológicas como obligación legal y social; o la prohibición de la expansión inmobiliaria y habitacional sobre humedales y bosques y de la megaminería sobre páramos.

Aún persiste el interés económico sobre el interés medio ambiental. Seguimos pensando en ese dilema como si fuera algo para tomarnos un tiempo más cuando ya tiempo es lo que no tenemos.

Dañamos lo que protege las condiciones de vida por alguna utilidad, lo que revela ese pensamiento inútil de intentar disfrutar individualmente lo que se afecta colectivamente. El pensamiento ecológico siempre pasa a un segundo plano si afecta alguna intervención antrópica que genere grandes utilidades todo porque creemos que la tierra aún lo soporta.

Cambiar la mentalidad que promueve el desarrollo a causa de la tragedia ambiental, por la mentalidad que promueve el desarrollo con consecuencias de vida y conservación para todos, implica un esfuerzo educativo y cultural de orden mundial que aún no despega.

Y no despega porque los mismos gobiernos promueven como política pública la explotación irresponsable de nuestros ecosistemas. Hoy la lucha proviene no de los grupos de poder político y económico (con contadas excepciones), sino desde la sociedad civil que presiona a los mismos gobiernos y a los ciudadanos y nos invitan a hacer causa común verde.

Invito a todos a que tengan este año una causa Verde, por ejemplo, sembrar 10 árboles y cuidarlos; aprender a separar en la fuente; reciclar plásticos y reutilizarlos o hacer una o dos jornadas de limpiezas de quebradas.

Nuestra vida depende de la vida de nuestro planeta. Hacer algo y volverlo hábito diario y para siempre debe ¡empezar ya!

Por: John Hammer León Cuéllar  – johnleonc@outlook.com

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