Dijo acepto y yo lloré

Ya que llevamos varias semanas conociéndonos, les confieso algo, había pensado otro tema completamente diferente para esta columna, pero siendo domingo a la 1:53am, recibí al celular un mensaje de mi hermana mayor. Solamente había una foto de su mano y en el dedo anular un anillo, lo entendí todo (y ya sé que ustedes también).

Semejante noticia, y sobre todo la reacción que tuve, fueron motivos necesarios para cambiar el tema ¿cómo no compartir mis ideas al respecto? ¡Por favor! Si no hubiese estado en medio de una fiesta habría empezado a escribir inmediatamente.

No les voy a mentir, de cierta manera el matrimonio para mí es como el coco. El cuento del vestido blanco como símbolo de la pureza de la novia parece no haberse enterado que hoy en día al altar no llega puro nadie, pues no necesitamos del permiso de curas, pastores o astros para disfrutar de nuestra sexualidad antes del sí.

Y ni qué decir del momento en que el papá de la novia “la entrega” a su nuevo esposo, eso de romántico no tiene un pelo. Es una transacción entre dos hombres y el bien de intercambio es uno, ¡no pues, qué dicha! No somos ganado señores.

La realidad sin embargo, es que, a mujeres de ayer e incluso hoy, casarse no les parece tan mal negocio. Entonces por ellas y por las vueltas que da la vida (porque una nunca sabe si el enamoramiento le gana y termina en las mismas), qué mejor que hablar escuetamente del matrimonio y lo que significa para nosotras.

Especialmente, para que la vida de casadas no nos coja desprevenidas y podamos saber negociar entre lo que se espera de nosotras y lo que estamos dispuestas a dar. Así como lo sugirió la fabulosa Carrey Bradshow (la protagonista y mi personaje favorito de Sex and The City): ¿por qué somos capaces de escribir nuestros propios votos y no nuestras propias reglas?

Tampoco se nos puede olvidar que el estado civil es una decisión. Ya qué cuentos de la solterona, de que se va el tren o de irse al infierno por convivir sin casarse, usted verá si vive en unión libre, o tiene una vida perfectamente feliz no aguantándose a nadie a parte de usted misma y su gato.

Entonces, como ni yo ni nadie le va a decir qué hacer, lo que importa es que así elija a, b o c… cualquier camino la lleve a perseguir sus sueños, a fortalecer su relación consigo misma y a creer en confianza y seguridad. ¡Nada de andar sufriendo o de acostumbrarse a lo que no le gusta!

Pero bueno, pura carreta sería decirles que yo pensé en todo esto cuando me enteré del compromiso de mi hermana, la verdad es que más feliz yo no podía estar, y con el riesgo de que piensen que soy una romántica sin remedio, les confieso que lloré de la emoción y todo. ¿Cómo la ven?

Es que en serio, es una decisión valiente y una apuesta sincera por un proyecto de vida colectivo, porque dos son montonera si al nuevo pacto se suman sueños, causas, historias, saberes e intereses. Tal cual leí hace poco: “las relaciones no son para llenar vacíos sino para compartir llenuras”. Mejor dicho, no hay que casarse para completar lo que nos falta (acuérdese que no somos la mitad de ninguna naranja), sino para compartir y multiplicar lo que tenemos, desde el amor, hasta las recetas de cocina o la colección de películas.

Además, si el matrimonio no tuviera lo suyo, créanme que las personas que no se reconocen como heterosexuales ni se molestarían por también reclamar este derecho. No es un capricho querer darle legitimidad social y reconocimiento al amor, y de paso, garantizar la seguridad jurídica de la persona que uno ama con todo el tema de la seguridad social, las pensiones y demás beneficios.

Dicho esto, quiero que esta columna sea un homenaje a Alejandra y a Ernesto, en quienes reconozco el amor profundo y la valentía por construir un futuro juntos. En un mundo donde ya nadie se compromete ni con la dieta, vivir el amor como un compromiso de apoyo y cuidado mutuo, puede ser hasta revolucionario, especialmente si se da entre iguales.

A él que no puedo estar más emocionada por recibirlo en la familia, y a ella que mi amor siempre la acompañará recordándole el tesoro que es compartir los días a su lado.

Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

TSM Noticias
ADMINISTRATOR
PROFILE