Debemos proteger la paz

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Además de estarnos peleando la presidencia de la república, unos contra otros, en donde los únicos que se benefician son los que llegan al poder, lo que está en juego precisamente es la paz del país.

Recuerdo perfectamente cuando se concedió la zona de despeje en el infortunado gobierno de Andrés Pastrana Arango, hoy ya no conservador sino uribista recalcitrante, y todo lo que aconteció fue nefasto. Prácticamente todo este país se bañó en sangre, luego del levantamiento de esta concesión dada a las FARC para que se desarrollaran diálogos que permitieran alcanzar el anhelado objetivo de la paz.

Casi todos los congresistas del Huila, tanto senadores como representantes fueron objeto de persecución y la gran mayoría fueron secuestrados y tenidos en cautiverio por muchos años, padeciendo dolores, enfermedades y tristezas que solamente pueden describir quienes las viven.

Municipios enteros fueron devastados, el comercio se deprimió muchísimo dada la inseguridad y el país prácticamente no avanzaba.

Fueron muchas las vidas que se sacrificaron, decenas de miles, muchos de estos mártires familiares o amigos nuestros y ese fue el resultado de más de medio siglo de guerra y barbarie, pero luego de un extenso proceso de discusiones y conversaciones se logró en La Habana, llegar a un acuerdo de paz con el más temible y antiguo grupo subversivo de Latinoamérica, hecho este que generó una paz que no conocíamos muchos de los habitantes de este país, pues nacimos en medio de la guerra y crecimos rodeados de esta.

Es por esta razón que no podemos volver a esta terrible situación, no podemos permitir que el país se suma nuevamente en la debacle que ocasiona un conflicto armado interno, pues ya lo conocemos y sabemos de sus resultados, no hay que mencionar las masacres, los falsos positivos y tantos otros pecados que se cometen en la guerra por cuenta de los actores de la misma.

Lo que esta nación necesita urgentemente es definir un rumbo de progreso y avance luego de superado este conflicto bélico de tantas décadas, insistir en lo contrario es simplemente muestra de tozudez o testarudez.

Un país como el nuestro, en donde la premisa de no perder papaya ha alimentado los ánimos de la corrupción y ha hecho que se construyan sentimientos de odio y rencor a raíz de las injusticias, necesita estar en manos de alguien que tenga la firme convicción de construir un nuevo país a partir del insumo más importante, su gente.

La ruta de la paz que se trazó en este gobierno es el gran logro del mismo y precisamente por ser tan importante para nuestra patria es que debemos hacer hasta lo imposible por depositar el destino de la misma en manos de una persona que pueda asegurar que este sentimiento de reconciliación permanece, en medio de procederes mucho más honestos, teniendo una clara visión de futuro.

Saquen conclusiones.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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