De Navidad me quiero a mí

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Queridas mujeres que amablemente me leen, les cuento que está será la última columna del 2017, por eso quería escribir algo especial… y como cosas mágicas suceden cuando las mujeres nos reunimos y compartimos desde la complicidad y el amor, gracias a dos amigas con quienes charlamos por largo rato supe exactamente qué escribir.

Pero vengan les cuento, la semana pasada una de ellas me dijo algo que jamás en la vida había escuchado: “te felicito por haber dicho que no” ¿que qué? ¿Felicitarme por haberme negado a hacer algo? Esas cosas no se les dice a las mujeres, nosotras siempre debemos estar para los demás, debemos ser comprensivas y compasivas, debemos pensar siempre en las necesidades de otros y otras, debemos superponer el bienestar de quienes nos rodean por encima del propio… ¿eso fue lo que nos enseñaron, no?  Mejor dicho, es hasta peligroso empezar a felicitarnos por decir que no ¿qué tal que se nos vuelva costumbre?

Siempre nos han dicho que las palabras mágicas son “por favor” y “gracias”, pero qué carajos… el “no” puede ser nuestra nueva palabra mágica, pues créanme que tiene poderes. Aprender a decir que no (así como a deshacernos de la culpa por decirlo) es conectarnos con nosotras mismas, con nuestros deseos, incomodidades, cansancios o tiempos, es respetar nuestros límites y reconocer el valor de lo que sentimos y pensamos. ¿Ven? No es poquita cosa, es revolucionario.

A muchas ya nos sabe a cacho la retahíla de: “valórese, tenga autoestima… es que a las mujeres les faltan el respeto porque no tienen amor propio”, escriba eso en un papelito y rómpalo, porque no sirve para nada, ya hemos dicho hasta el cansancio que no somos responsables de la violencia que recibimos, punto. Les voy a contar un secreto, el amor propio no es del que habla ese discurso trasnochado y misógino, el amor propio se parece más a eso que muchos llaman egoísmo.

¿Cómo así? ¡Pues claro! Si las mujeres somos esos “hermosos” y “sacrificados” seres que vivimos para otros, y además sentimos auténtica satisfacción por ver felices a los demás… pues el día que una mujer decida anteponer su felicidad, bienestar y tranquilidad a todo lo demás, va a ser señalada como un monstruo egoísta ¿o no? Seguro nos ha pasado. Y como nadie quiere ser un monstruo egoísta, movidas por los sentimientos de culpa terminamos accediendo a hacer cosas que nos desconectan de nosotras mismas y nuestros verdaderos deseos.

Y eso también es un triunfo del Patriarcado, condenar a las mujeres a estar alejadas de sí mismas por la permanente satisfacción y aprobación de otros. Aquí es donde entra mi segunda amiga, con quien por cierto nos parecemos mucho y terminamos metidas en chicharrones muy similares.

Juntas hicimos un balance de lo aprendido en el 2017 (por favor hágalo con sus comadres/compinches/parceras/BFF…) en el que reconocimos la importancia de cuidarnos a nosotras mismas. ¿Cómo? Conociendo nuestros límites, dándole un lugar a nuestra voz, recuperando el poder que otros tienen sobre nosotras, expresando nuestros malestares, reconociendo nuestras emociones y entregándole a los demás la responsabilidad sobre las suyas.

La embarrada es que a la mayoría de nosotras nos dijeron que están mal muchas de las actitudes o decisiones que necesitamos tomar para ser fuertes y libres, por eso sin darnos cuenta terminamos enredadas en relaciones familiares, de pareja, laborales o amistosas basadas en la dependencia, en la culpa o en el miedo… y pues no, llevémonos grabadito para el 2018 que tenemos el derecho, la libertad, e incluso la necesidad, de alejarnos de personas o situaciones que nos hacen sentir mal con nosotras mismas, impidiéndonos brillar o crecer.

Sea incómoda, diga que no, no sonría si no quiere, no sea servil, exija respeto, tómese su tiempo, apague su celular, deje de justificarse, tome decisiones, no tenga miedo, y lo más importante… hónrese a usted misma. ¿Cómo? ¿No era honrar a padre y madre? Pues qué importa, sea usted su primera mamá, su mejor amiga, su guía espiritual, su coach, su pastora, su sacerdotisa o su pepito grillo… pero descúbrase, descubra su poder y sea leal a él.

Yo sé que queremos cambiar el mundo, pero primero tenemos que cambiarnos a nosotras mismas. Que nuestra primera revolución sea renunciar a ser perfectas y a recibir aplausos por ello, mejor todas digamos lo que escuché en la película Coco (recomendadísima) “el mundo resto del mundo sigue las reglas, yo sigo mi corazón”.

En esta Navidad, regálese ese permiso.

¡Nos vemos en el 2018!

Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

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