De la guerra del centavo a la danza de los billones

De la guerra del centavo a la danza de los billones

El pasado viernes 19 de junio de 2020, primer “día sin IVA” en nuestro país, quedo marcado para la historia Colombiana, como un día de mofas, críticas e indignación, pero en algunos casos de gratitud. No cabe duda que cualquier esfuerzo realizado para solventar una crisis sin precedentes como la actual, debe analizarse con algo más que nuestra acostumbrada y mordaz crítica destructiva.

No es fácil para quienes planean estas estrategias desde un escritorio, identificar el comportamiento humano frente a ellas, mucho menos cuando no hemos entendido que lo que tal vez en otras culturas y países puede funcionar, no se puede aplicar ni copiar de manera idéntica en un país o región, sin adaptarlo a sus estándares culturales.

Esta primera jornada, nos deja muchas enseñanzas, positivas y negativas. No vamos a ahondar en las ya conocidas y tratadas por especialistas en la materia, sobre los riesgos inminentes de este tipo de incentivos a actividades masivas, pueden ocasionar en nuestra salud, especialmente frente a una pandemia que según la ciencia solo se puede tratar de contener con el aislamiento “inteligente”. Vamos a referirnos entonces a sus lecciones en temas económicos y comerciales.

La gran cantidad de compras realizadas, calculadas en más de 5 billones de pesos, nos demuestra que pese una crisis económica de casi tres meses; donde muchos se declararon en quiebra, otros tantos se abalanzaron a pedir ayudas al gobierno y muchos más manifiestan no estar supliendo sus necesidades mínimas de subsistencia; lo colombianos tenemos aún la capacidad económica para realizar compras suntuosas, en algunos casos hasta innecesarias, prueba de que la economía no esta tan afectada como se pensaba.

O tal vez, está desbordada demostración de opulencia, nos indica que no sabemos priorizar nuestras necesidades, o que arriesgamos nuestro futuro económico por la inmediatez de las apariencias, en el entendido de que la gran mayoría de estas compras fueron realizadas a crédito, y si estas dos últimas, son las razones del desenfreno de aquel día, muy probablemente en unos pocos meses se verán sus nefastas consecuencias.

Otra reflexión que nos queda es preguntarnos, si esta capacidad desbordada de poder adquisitivo de los colombianos, sería igual, si a quienes se tuvieran que beneficiar, fuera a otros actores de la cadena económica igual o mayormente afectados por esta crisis.

Fue evidente que los grandes ganadores de la jornada, fueron las grandes superficies y marcas, la mayor parte de ellas multinacionales, con un gran poder económico.

No obstante, sería interesante saber, si el apoyo de la población sería el mismo si la estrategia estuviera dirigida a apoyar al productor campesino, con la compra de sus productos agrícolas, al pequeño empresario con sus productos de manufactura, o al artesano con su arte. Suena paradójico, pero muy probablemente a este tipo de “empresarios” no se les brindaría el mismo apoyo, pese a que sus necesidades son mucho mayores.

Cuantos de nosotros, como buenos colombianos, no hemos “regateado” con estos pequeños productores, para adquirir sus productos, situación que sería inconcebible en otros escenarios.

Y aunque algunos de estos productos, si son de verdadera primera necesidad, y muchos de ellos son mucho más económicos que los adquiridos en grandes superficies, esto no nos cautiva. Lo que si nos deslumbra es apoyar a un gran emporio empresarial, he inclusive maravillarnos, al borde del desenfreno y locura colectiva, con sus “magníficos” descuentos.

Si queremos salir de esta crisis, debemos repensar el contexto económico que se está afectando, y definir prioridades. Los miles de pequeños empresarios, que no tienen la capacidad económica, ni la resiliencia para soportar una crisis de esta magnitud, necesitan de nuestro apoyo urgente, literalmente y como se maneja en el argot del transporte, están en “guerra por los centavos”, mientras las grandes empresas estas disfrutando de “la danza de los billones”.

Por: Hugo Andrés Rivera Collazos
Administrador de Empresas – Universidad Surcolombiana
Especialista en Planificación de Destinos Turísticos – Universitat Oberta de Catalunya
Correo: hrivera.consultores@gmail.com  – Twitter: @hugoandres1975

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