Crónica: Ya me tengo que ir – Parte I

1167 views
4 mins read

En septiembre del 2004 ya era cirujano y hacía 5 meses que había terminado mi especialización y trabajaba en diferentes clínicas de la ciudad. Uno de los sitios a los que más me gustaba ir era a la antigua clínica Federico Lleras del extinto Seguro Social, el que hace muchos años dejó de existir. Allí laboraba con un grupo de 4 cirujanos, entre los cuales yo era el menor, pues había reemplazado a un profesor que se había dedicado más a su vida personal, es escritor y pintor, cosas que yo admiraba y envidiaba.

El ambiente laboral era agradable y a pesar de ser un cirujano joven mis compañeros de trabajo, entre ellos profesores, siempre me ofrecieron su apoyo y consejo. Realizaba consulta dos veces y cirugía una vez a la semana, y hacía turno de urgencias también una vez a la semana. El servicio de enfermería y los colegas médicos generales hacían también del trabajo algo muy placentero.

Como recién graduado quería hacer de todo, operar casos complejos, quizás por el afán de demostrarnos y demostrar que somos hábiles, capaces y podemos tomar decisiones correctas. Este es un proceso de crecimiento y madurez, las que obtenemos paso a paso, con escollos y tropiezos, que son los que más enseñan.

Aquel mes valoré a la señora Amanda, una paciente de 55 años en la consulta con un dolor epigástrico severo, que ya había recibido manejo médico con inhibidores de la bomba de protones por un mes sin mejoría.

En el examen físico no había ningún hallazgo anormal, no tenía antecedentes de importancia y su estado general era bueno. Le ordené, de forma prioritaria, una endoscopia digestiva alta. Días después regresó al control con el reporte de la endoscopia, la que describía un tumor en el antro gástrico clasificación Bormann III (esta es una clasificación de cáncer gástrico avanzado) y con una biopsia que reportaba adenocarcinoma gástrico.

Con este hallazgo en la endoscopia le expliqué a Amanda que debíamos realizar exámenes de extensión para saber si la enfermedad estaba avanzada o presentaba metástasis, además le conté que el tratamiento era quirúrgico, con una cirugía que implicaba extirpar todo el estómago con los ganglios y posteriormente unir el esófago al intestino delgado, ella siempre estuvo muy tranquila.

Regresó con los exámenes solicitados de extensión que no mostraban metástasis en hígado, cavidad abdominal o en los pulmones y, en ese momento se hicieron las órdenes para el procedimiento quirúrgico. Volvimos a hablar de los riesgos, del pronóstico y los posibles tratamientos posteriores.

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar – adonistupac@gmail.com
Twitter: @saludempatica

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Ir al contenido