Crisis épica

Crisis épica

Sin lugar a duda por cuenta del coronavirus el mundo que conocemos sufrirá la crisis social de mayores dimensiones en la historia de la humanidad, sus consecuencias las determinará la profundidad, la extensión y el tiempo que se mantenga, lo que, a su vez, depende de la oportunidad con que las naciones tomen las medidas necesarias para mitigar su impacto.

Por su puesto que los sistemas de salud serán víctimas y actores cruciales en el manejo de la patología de los contagiados, pero nada podrán hacer para atender las repercusiones que en la economía tendrá, en especial en soluciones para los más vulnerables que son siempre los principales afectados en momentos de recesión.

El virus no existía, es el producto del desorden que genera la codicia, que también impacta el equilibrio del clima y provoca las descomunales diferencias entre unas enormes mayorías sumidas en la pobreza y unas minorías muy mínimas en una desbordada opulencia; los últimos tienen como protegerse de estas calamidades, aun mas, saben cómo sacarle provecho, como llenar sus alforjas.

Por el contrario las multitudes dependen de la disposición del servicio público para su atención, si no logran su cuidado, los mata el virus  o los mata el hambre, pues su sustento diario depende de desarrollar alguna actividad cotidiana remunerada.

Las grandes corporaciones, en complicidad de gobiernos de bolsillo, aprovecharan para que les autoricen despidos aduciendo la inviabilidad de sus negocios por las restricciones que ocasiona la pandemia, adicionalmente dispondrán de cuantiosos recursos públicos de salvamento, que nunca devolverán; mientras muchos pequeños negocios o los negocios del empresariado no monopolista sucumbirán o terminaran en manos de los bancos y prestamistas u oportunistas con capital disponible.

Una vez retorne la normalidad, los desempleados tendrán que engancharse en condiciones más precarias con sus antiguos empleadores, es una de las maneras como el gran capital aumenta hoy día la plusvalía. Los salarios y lo bonos de éxito de los gerentes y miembros de las juntas directivas de estas corporaciones crecerán, en proporción a la reducción de los salarios de los empleados.

Claro está, no podemos descartar que al igual que ocurrió con la crisis de la primera y segunda guerra, pueblos que se rompen la espalda todos los días en sus labores y terminan condenados por el capital transnacional a la ruina, que han sido testigos silenciosos de las maniobras de especulación financiera, con que se apropian del valor que produce su trabajo, terminen destrozando las cadenas que no los deja progresar y les niega una vida digna.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com

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