Construcción de ciudadanía

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La cultura ciudadana como política pública, fue uno de los aportes al desarrollo de Bogotá del exalcalde Antanas  Mockus, durante su periodo como gobernante.

Mediante la pedagogía, Mockus nos introdujo en un método que permitía cambiar actitudes y comportamientos negativos socialmente hablando, que hacían diferente la manera de vivir y la forma de solucionar conflictos en la Bogotá de los años 90s.

El enfoque de la política pública se centraba en dos objetivos: el primero era aumentar la capacidad de los ciudadanos de cumplir y cooperar de manera voluntaria; y el segundo era generar una regulación social que abarcaba el respeto por la norma enmarcada en una ambiente cultural y moral, para así de esta manera, cambiar comportamientos y actitudes de la gente.

Los cambios fueron evidentes, entre ellos una disminución en la tasa de homicidios y mejoramiento en la seguridad vial. También logró mejorar las finanzas en Bogotá al alcanzar una cultura del pago de impuestos que permitió mejorar las finanzas del Distrito. Mejoró la confianza en la capacidad de entendimiento y cooperación de la ciudadanía, la regulación social y la autorregulación de los ciudadanos.

En Neiva, como en muchas ciudades del país, vivimos en un eterno conflicto social, en el cual aquellos que le apuestan a la ley del más fuerte y no la razón, parecieran ser los que triunfaran. Sin mayor dificultad podemos apreciar en nuestras calles la falta de respeto por las normas de tránsito, ausencia de control ciudadano, ante actitudes negativas por parte de otros, como el hecho de arrojar la basura en la calle, pues casi nadie se inmuta por ello. Exaltación de la cultura de la ilegalidad, reconociendo como valioso el hecho de posar de “muy vivos” cuando de saltarse la norma se trata. Estos, entre otros, son síntomas de descomposición social y falta de sentido de pertenencia por lo público.

Se requiere entonces, de la implementación de programas que permitan cambiar comportamientos socialmente negativos, que ayuden a reencontrar las viejas costumbres del respeto y la solidaridad. Proyectos que abarquen todos los sectores sociales y edades, que nos hagan cambiar de actitud y permitan construir ciudadanía.

Estos programas serían parte de una política pública municipal de cultura y seguridad ciudadana. De esta manera se logrará avanzar en la construcción de un territorio pacífico y solidario, que reconoce la condición humana de cada uno de sus habitantes sin distingo alguno, su identidad cultural, más allá del interés personal que alguno pueda tener. Al final, tendremos menos conflictos y una búsqueda colectiva del bien común, características estas, de una buena ciudad en donde vivir.

Por: Rodrigo Lara Sánchez – @Rodrigo_LaraS

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