Colombia, una bomba de tiempo

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En nuestra amada nación no pudimos entender que “siempre es mejor una paz imperfecta que una guerra perfecta”, seguramente porque las últimas generaciones hemos vivido sumidas en un conflicto interno que parece interminable.

Y es que por nuestro suelo patrio ha corrido sangre de colombianos que han ofrendado su vida en pro de unas luchas intestinas que únicamente han beneficiado a la clase política poderosa y a los magnates de turno, quienes han manejado los hilos de este país a su acomodo, solamente en busca de sus caprichos y mezquinos intereses.

Si revisamos nuestra historia – les invito para que refresquemos la memoria – podemos ver que Colombia ha sido una nación de conflictos internos prácticamente interminables; vayamos solamente al siglo XIX, entre 1812 y 1886, periodo en el que se registraron nueve guerras civiles de alcance nacional, casi todas buscando la manera de conseguir el poder del Estado central, con el fin de tratar de destruir a la contraparte, llegando al punto de motivar y avivar los ánimos del pueblo para hacerlo parte activa del conflicto, incluso llevándolo a tomar las armas.

Esa disputa por el poder se avivó a mediados del siglo XX y estalló de manera descomunal luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, generándose nuevamente una mortífera confrontación que arrojó decenas de miles de muertos, viudas y huérfanos, pero, además, desplazamiento, pobreza, hambre y exiguo desarrollo socioeconómico en el territorio.

Más adelante, líderes de los partidos tradicionales hicieron un acuerdo y se repartieron el poder y el país, conformando el Frente Nacional, pacto que duraría dieciséis años (1958 a 1974). No obstante, en las regiones más apartadas, especialmente en las zonas rurales, se mantuvo la violencia y el abuso de las autoridades armadas, generándose el surgimiento de grupos insurgentes, tales como las FARC, el ELN y el EPL, en la década de los sesenta, y más tarde el M 19 y el Quintín Lame.

En el gobierno de César Gaviria Trujillo, mientras nuestro país afrontaba una terrible ola terrorista generada por los carteles del narcotráfico, en el año 1990 se desmoviliza el M-19 y en 1991 firma la paz el EPL, así como también el grupo guerrillero Quintín Lame.

En medio de todos estos hechos, nacen los grupos paramilitares, quienes desarrollan una cruzada de dolor y muerte en diferentes zonas de nuestra madre patria, hasta que algunos de éstos entregan las armas y se desmovilizan.

Luego de varios fallidos procesos de paz con las FARC, tanto en el gobierno de Belisario Betancourt Cuartas, como en el de Andrés Pastrana Arango, finalmente, tras una estrategia militar diseñada y desarrollada en los ocho años de mandato de Álvaro Uribe Vélez, esta agrupación armada se sienta frente a una mesa de diálogo y es durante los ocho años de gobierno de Juan Manuel Santos que se extienden estas conversaciones hasta lograr la tan anhelada firma de la paz con las FARC.

Sin embargo, ante algunos incumplimientos de parte del gobierno en el periodo de mandato de Iván Duque Márquez y de algunos firmantes de paz, surgen las disidencias, y posteriormente, otros movimientos como La Segunda Marquetalia, quienes han venido fortaleciéndose en varios departamentos y han generado una nueva etapa de confrontación interna.

En medio de todo un aquelarre generado en el gobierno de Duque Márquez, la izquierda colombiana se une y logra por primera vez en la historia las mayorías en las urnas, llegando al Palacio de Nariño en cabeza de Gustavo Petro Orrego, quien con el slogan “Colombia Potencia de la Vida” y con el objetivo de lograr la paz total, inicia un mandato que como en los siglos XIX y XX, ha sido torpedeado por la oposición, buscando la frustración y el fracaso del mismo, con el único propósito de lograr la retoma del poder político.

Definitivamente, como lo dijera George Orwell en su libro 1984, la guerra simplemente es una filfa (Una mentira o falsedad), pues sin importar contra quién se luche o se combata, lo importante es mantener un conflicto permanente para poder dominar al pueblo y de esta manera saciar los intereses de los poderosos, sin importar el costo y las vidas, que esto conlleve.

Ayer se celebró el día nacional de periodismo en Colombia, ojalá se haga un verdadero homenaje a esta profesión y oficio, rescatando uno de los valores más golpeados actualmente, el de LA VERDAD.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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