Buen viaje maestro

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El sábado pasado recibí la triste noticia del fallecimiento del doctor Antonio María Salgado, lo cual me causó nostalgia y dolor.

Conocí al doctor Salgado desde que era un estudiante de Medicina inquieto por querer ser cirujano; era un hombre de carácter recio, disciplinado y exigente con los estudiantes e internos de la época, denotaba su formación castrense quirúrgica.

Fue uno de los primeros cirujanos formados que llegó a Neiva, egresado de la Universidad Nacional y el Hospital San Juan de Dios, fue jefe del servicio de urgencias y de cirugía, en múltiples ocasiones, siendo respetado por su disciplina férrea y exigente.

En mi especialización tuve la fortuna de ser uno de sus “consentidos”, pero eso  no significaba que podía estar relajado, al contrario la responsabilidad era mayor, no esperaba defraudarlo.

Hasta mi último día de residente me acompañó en el quirófano, con el aprendí a mantener la cabeza fría en los momentos más complejos; me decía “un cirujano descompuesto no es ni medio cirujano”.

En el primer año de la especialidad, tuvimos que operar un joven con una herida en el cuello y tórax, que comprometía la vena subclavia, con un sangrado profuso y de muy difícil control; cuando logramos controlar el sangrado, se salió del quirófano, no entendía porque lo había hecho, su salida fue para darse un respiro, fumar un cigarrillo, aclarar la mente y continuar con el procedimiento; uno de mis mejores aprendizajes tuve ese día.

Como cirujano fui su compañero de trabajo; un día llegué tarde a recibirle turno y mi castigo fue su indiferencia por haber sido incumplido, jamás olvidaré su mirada y la vergüenza que sentí.

Posteriormente, compartí el honor de ser magistrado del tribunal de ética médica, observando su sabiduría a la hora de juzgar y defender.

Coincidimos en gustos musicales, gustos literarios y la pasión por la historia, con largas tertulias acompañadas de un buen licor.

Lo vi por última vez en diciembre, me lo encontré haciendo mercado y como siempre el saludo fue un gran abrazo y la promesa de volvernos a ver para escuchar buena música y degustar unos tragos; quedamos en deuda “profe” Salgado.

La cirugía surcolombiana pierde uno de sus estandartes sobre el cual nos hemos erigido muchos de los cirujanos egresados.

Gracias por el afecto, cariño, la paciencia, alcahuetería y por la sabiduría que me enseño; he tratado de ser exigente, disciplinado y comprometido con la cirugía y la vida; así como Ud. me enseño.

Hasta siempre “profe”…

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar – adonistupac@gmail.com
Twitter: @saludempatica

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