Afganistán 2021: Victoria del narcotráfico

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El fin de la guerra en Afganistán, es una humillación sin precedentes para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.  Eso es incuestionable.

Pero también es un hecho de una trascendencia histórica que debe obligar a replantear la lucha contra las drogas en el mundo entero, y por lo tanto, lo sucedido en estos 20 años en el país asiático nos impacta a todos los colombianos.

Creo, que el fracaso de Estados Unidos en Afganistán desde el punto de vista militar se resume en comparar una fotografía de la embajada de Saigón en Vietnam en 1975 a la cual se acerca un helicóptero de doble hélice en un helipuerto atiborrado de personas desesperadas por escapar.   La foto tomada en Kabul, 46 años después en agosto de 2021, es idéntica.

Pero el verdadero problema de la retirada de Estados Unidos, no es militar.   La verdad es que a los gringos les fascina andar perdiendo guerras para aceitar su industria militar que constituye una parte considerable de su PIB.

Recordemos que Colombia es productor de marihuana (junto con el alcohol, la droga más consumida en el Mundo y prácticamente legal en todo el mundo, menos en Colombia) y de cocaína.

Pero las drogas que los expertos, científicos y médicos denuncian como las más peligrosas por sus efectos y poder de adicción, son la heroína y la metanfetamina, cuyo principal productor es Afganistán.

Estados Unidos invadió Afganistán en el año 2001.  No se habían terminado de recoger los escombros de las Torres Gemelas, colapsadas el 11 de septiembre, cuando los “marines” ya estaban buscando a Osama Bin Laden en las inmediaciones de Kabul.

En menos de cinco años de presencia estadunidense, es decir, en el año 2006, Afganistán se convirtió en el primer productor mundial de heroína; en el año 2007, la ONU publicó un informe en el cual denunciaba que en Afganistán se producía el 94% de la heroína del mundo, y se cultivaba el 84% de la amapola del mundo entero (más de 400.00 hectáreas).  Esas cifras, desde el 2006 y hasta el 2021, no han variado.

En Afganistán, Estados Unidos perdió poco más de 2500 soldados y oficiales.  Pero la epidemia de opioides en la que tiene relación directa el tráfico de heroína, desde el 2006, año en el cual, Afganistán tomó el liderato de producción de heroína en el mundo ha dejado más de 510.000 muertos en el país del norte.

Por ejemplo, en 2020 murieron más de 70.000 personas por sobredosis de opioides incluida la heroína y el fentanilo.  Una aterradora media de 191 muertos al día.  Casi igual a las cifras promedio de muerte por COVID-19

Respecto de la metanfetamina, para desagrado y humillación de los gringos, por allá en el 2017, los señores talibanes que controlan el tráfico de droga se dieron cuenta que en Afganistán la planta “efedra” se produce en forma silvestre; de esa planta se extrae la efedrina uno de los componentes de la metanfetamina.

De modo que para obtener la efedrina ya no se necesitaba del complicado proceso químico de desintegración y descomposición de medicamentos legales, sino de un simple proceso que se lleva a cabo en forma casi artesanal en pequeños laboratorios en las zonas rurales de Afganistán.

Por supuesto, desde hace más o menos cinco años, la producción de metanfetamina en Afganistán estalló a ritmos aterradores, y las agencias internacionales ya señalan que ese país es el primer productor mundial de esa droga.

Todo eso pasó en medio de una invasión militar estadunidense.  Literalmente debajo de las narices y de las barbas del Tío Sam.

Eran ciertas las denuncias de muchos activistas y periodistas independientes, según las cuales el país realmente nunca fue controlado por Estados Unidos, y peor, que los pasos de fronterizos de droga ni siquiera fueron atacados por las fuerzas de la OTAN.

Es verdad que los señores talibanes, los muy ultraconservadores y fanáticos seguidores de Alá, impusieron una economía basada en drogas, y por supuesto en Kabul y otras ciudades afganas hay un problema de consumo de drogas equiparable al de Estados Unidos.

Se estima, además, que más del 30% de la población de afgana, vive de la producción de opio, heroína y metanfetamina.

Para que esa dantesca realidad cambie, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, tendrían que apoyar financieramente a los talibanes para sacar de la pobreza al pueblo afgano.   Pocas veces, en la historia de la humanidad se ha evidenciado mayor contrasentido.

Y es que a pesar que los informes de la ONU, de universidades todo el mundo y organizaciones independientes sobre la producción de heroína y metanfetamina son públicos y asequibles a cualquier republicano o demócrata en Google, cuando el gobierno de Trump comenzó a negociar con los talibanes el retiro de las tropas de Estados Unidos, el tema de la “lucha contra las drogas” ni siquiera estuvo en la agenda.

Es más, este monstruoso problema para Estados Unidos ni siquiera fue tema de campaña en las últimas elecciones presidenciales.

Así, que cabe preguntarnos: ¿Qué significa hoy para el estadunidense del común la “lucha contra las drogas”?

Ante la evidencia de lo sucedido en Afganistán, los colombianos debemos tener un inmediato cambio de nuestra visión del problema del narcotráfico.

No es justo que envenenemos nuestro entorno, y nuestras selvas con glifosato, no es justo que se siga gastando nuestro escaso presupuesto público en una “guerra” que nos genera cientos de muertos, de heridos, de mutilados, de presos, además de la necesaria inestabilidad social y política, cuando Estados Unidos ni siquiera tiene un programa serio de salud pública que ayude a atender a los jóvenes adictos a las drogas.

Porque respecto a estos 20 años en Afganistán debemos apropiarnos de una frase del italiano Roberto Saviano, periodista y escritor, autor del libro “Gomorra”, que señaló esta semana:  «En Afganistán no ha ganado el islamismo, ha ganado la heroína».

Él se atrevió a poner en evidencia un hecho que subyace en esta tragedia.  Los talibanes no son verdaderos islamistas.  Simplemente son narcotraficantes.

Y si un grupo de narcotraficantes derrotó al ejército de la primera potencia militar del planeta, es obligatorio que el mundo entero de un nuevo enfoque a la guerra contra las drogas.

Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado

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