A la vida y obra de un periodista

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La escandalosa decisión del Concejo de  Neiva de imponer la condecoración Reynaldo Matiz  a la vida y obra de un periodista a la persona más  indigna de recibirla, plantea el asunto de tal distinción y sobre todo el de  las calidades  para merecerla.

En primer lugar,  parece ya indudable que la medalla Reynaldo Matiz ha perdido toda significación, pues los concejales que la han concedido han creído que ella debe ser para el periodista que durante el año haya prestado mejores servicios publicitarios a su ejercicio político; a quien se haya distinguido por  su presencia en el recinto;  a quien haya sido su más obsecuente servidor, o haya tenido más actividad de “lobby”  (lagarteo) entre los miembros  de la entidad edilicia. Así, la  han pervertido y ninguno de quienes la han recibido hasta el momento es reconocido socialmente como digno de respeto y admiración.

Porque para serlo –y esto habrá que precisarlo en las condiciones de una condecoración a la vida y obra de un periodista que lleve el nombre de Alberto Galindo, el más egregio periodista del Huila en toda su historia- el agraciado debería tener las siguientes calidades: a) Ser huilense de nacimiento o haber residido en el Departamento, un mínimo de 10 años; b) Tener más de 50 años, 20 de los cuales en ejercicio profesional del periodismo (no de la locución); c) Haber publicado al menos un libro sobre periodismo o materias afines como historia, sociología, antropología, etc.; d) Ser reconocido como una persona honorable, libre  y de buenas costumbres, y que no haya sido procesado por un delito común, no político.

Si en un año dado nadie cumple esas condiciones, se declara desierto. Por el momento, más de 20 colegas cumplen esos requisitos: Darío Silva Silva, Vicente  y Rodrigo Silva Vargas, Winston Manrique, Winston Morales, Jaime Horta, Jorge  Alirio Ríos, Édgar Artunduaga, Misael García, Jorge  Parga Vanegas, Marta  Eugenia López, Orlando Mosquera, Jorge  Eliécer Peña Artunduaga, Álvaro Trilleras, Heber Zabaleta, David  Ramírez, Juan Carlos  Acebedo, Marco Fidel Yucumá, Susana Carrera, Leo Cabrera, Pedro Bonilla Díaz  y Liberio Jiménez. Es una nómina lujosa de la cual se  puede escoger, señores.

Recuerdo de Belisario Betancur

El presidente Belisario Betancur, lamentablemente fallecido el sábado último, era gran amigo de mis amigos Estanislao Zuleta, Mario Arrubla, Ramiro Montoya y en general del Grupo de Medellín. Por recomendación de ellos, en una tertulia realizada en la librería La Gran Colombia, siendo presidente, prometió que me nombraría en un cargo de acuerdo con mi profesión y conocimientos. Y lo cumplió nombrándome Jefe Nacional de Prensa de Telecom, donde permanecí durante todo su mandato (1982-1986) y me distinguió invitándome a la exclusiva velada privada en Palacio con el escritor Ernesto Sábato, durante su visita a Colombia.

Recuerdo que cuando su  cuñado Fabio Roca Vidales, a quien sucedí en Telecom, se quejó ante Rodrigo Ospina Hernández, gerente de La República, porque lo había remplazado en la Jefatura de Prensa de esa empresa «un comunista provinciano y desconocido», el hijo de Mariano Ospina lo llamó a hacerle el reclamo, y Belisario le respondió: «Yo conozco a Delimiro y sé de sus calidades, pero mejor te puede informar sobre él tu hermano Fernando, de quien fue socio en el Diario del Huila, cuya jefatura de redacción desempeñó por varios años». Y le colgó…

Por: Delimiro Moreno – morenodelimiro@gmail.com
Twitter: @opipaisa

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